Me quedo en su sabor,
cuando siento su mirada.
En las caricias de tus escasas palabras,
en el murmullo de lo que han sido tus días extrañándome,
en la suavidad de un día domingo con tu presencia de muchas vivencias a mi lado,
en los mensajes que invaden mi memoria con tus frases,
en el colapso que provocan a mi corazón,
muchos días sin tu voz abrazándome.

En tus ojos...
me quedo en ellos,
cuando siento los colores de mi infancia en mi piel,
y sé que también tú me has extrañado.

En tus ojos...
de muchos años y emociones en tu existencia,
de sentimientos e instantes mutuos en mi vida,
en el sedal que nos ha unido siempre,
y en la sedosidad que provoca a mi alma tu mirada añosa.

En tus ojos...
me quedo por largos minutos,
contemplándolos a lo lejos a esta hora,
tenues, delicados, suaves...
y comprendiendo,
como sólo tus ojos podrían mirarme así,
incondicionales, devotos, adictos...
cómplices y en la seguridad absoluta de su comprensión.

En tus ojos...
Sin duda, hoy, a esta hora,
en este preciso momento me quedo en tus ojos,
para amarlos, extrañarlos y sentirlos,
en la inmensidad de mis días sin ti.

En tus ojos, papá...
hoy me quedo en tus ojos.

Pao

Noviembre 11 de 2008.