Laberinto de deseos…
Encrucijadas gritan tu nombre, pasajes confusos me hablan de ti en medio de la nada…cuando lo tengo, ¡Siempre quiero más!
Recorro tus pasajes cuando los muros destilan deseo y me atan al sabor de imaginarte sólo para mí. No sé si me recuerdas, pero no he podido sacarte de mi mente estos días. Me inundo de tu aroma, de tu sabor, de tu calor, de ti…me baño de un deseo irrefrenable, ardoroso, indómito que me arrastra al deseo. Me desesperas, me enloquece el color de los pasadizos pintados con tu rostro. Nunca imaginé que serías mi perdición y que tarde o temprano, siempre volvería a caer rendida a tu encanto.
No puedo dejar de cuestionarme desear la libertad de tenerle a cada instante…y es que el placer que me ofrece es absoluto, inmediato, categórico... Me estremezco al sentirte en mi boca, en mi piel, en mí…he tratado de no pensarlo, de evitarlo, pero pierdo la razón cuando lo veo, cuando lo percibo, cuando escucho hablar de él.
Lo recuerdo en cada rincón en que ha sido mío…en mi cama, en el living, en el escritorio (sí, en el escritorio jajaja), en el patio, en otoño, en verano…soy adicta al hechizo que me provocas. No necesitas hacer nada para que me rinda por completo a la delicia de saberte mío cuándo, dónde y cómo quiera. Aturdes mis sentidos, me apasiona tu frescura, saboreo cada uno de los detalles que he vivido en tu presencia.
Sabor a pecado, a deseo… ¡No pido más cuando lo tengo!
Te quiero aquí, ahora, en este preciso momento…cuando mi lengua se perfila en mis labios ansiosos a la espera impaciente del éxtasis de tu sapidez siempre bienvenida.
Al sabor de la espera de un encuentro contigo, se suma el calor de mi piel excitada y la calidez y dulzura que sólo mis labios pueden darte para fundirme contigo dejando que mis pecados tengan sabor prohibido…el tuyo.
Me seduces, me impacientas…Eres deliciosamente pecaminoso cuando te pienso caliente, cómo la mayoría de las veces en que te adentras en mí.
Hoy te llamo, te exijo, te necesito…
Aún cuando te diluyes en mis espacios y siento que te pierdo una y otra vez, sé, también, que te acaloras por mí y que me esperas lleno de impaciencia, aunque a veces te ausentes de mis horas.
Debo confesarlo, soy una adicta cuando se trata de ti…sin duda, un café a cualquier hora es uno de mis deseos impetuosos. Absolutamente.
Hoy, a esta hora…serás mío. Tan sólo mío. Candente, te apretaré en mis manos ¡Cómo me das mayor placer! Te beberé sucesivas veces, hasta terminar…para comenzar nuevamente otro café.
24 de abril de 2009